Cuando vemos en la Palabra el escenario Iglesia notamos existen dos condiciones que deben cumplirse para el retorno del Señor Jesucristo, una es la predicación del evangelio a todo el mundo como dice Mt 24:14 RVA; la segunda es la restauración de todas las cosas Hch 3:21 RVA. Cuando se inaugura la predicación del evangelio podemos encontrar que hay un levantamiento del espíritu de Elías que reposa en Juan el Bautista, esto para manifestar la salvación y luego hacer la presentación del Cordero de Dios. En Juan el Bautista se manifiesta esa capacidad de poder sacudir la sociedad para que puedan escuchar de nuevo la voz de Dios. Ahora a nosotros en la segunda venida del Señor, nos corresponde presentar al Rey de reyes y Señor de señores. El espíritu de Elías viene para preparar el camino que conducirá a una sociedad religiosa, dura e indiferente, hacia el camino correcto y que vuelvan sus corazones a Dios, según vemos en Lc 1:76 RVA. El Señor en Mt 17:11 RVA nos deja ver que Elías viene primero y que restaurará todas las cosas. Esta restauración fue profetizada desde tiempo antiguo, tal como nos indica la Biblia en Hch 3:21 RVA. Hay dos acciones fundamentales que debemos hacer para que venga el Señor, evangelizar y restaurar todas las cosas, en esas dos funciones de la Iglesia, está encomendada la necesidad de la ministración del Espíritu de Elías, si bien Juan el Bautista cumplió la primera fase ahora la segunda fase la harán los ministros. Es un privilegio servir al Señor y debemos hacerlo con excelencia.
En nuestros días debe haber un proceso de restauración como lo hubo la primera vez, pero eso empieza con los ministros, con la familia, con la congregación. El poder de Elías tiene que llevar a los ministros a reunir todas las cosas en Cristo, como dice Ef 1:10 RVA. Tenemos que ver que si la Iglesia no tiene ministros modelos, comprometidos con su llamamiento, tendrán una Iglesia sin orientación, identidad, sin esperanza. En la Biblia encontramos a Simeón, un anciano justo, piadoso, y allí estaba Ana quien servía de día y de noche, ellos esperaban la salvación de Israel como lo vemos en Lc 2:30 RVA.
El poder de Elías es confrontativo y como pastores estamos para destruir estructuras viejas porque la Iglesia no será levantada mientras no se levanten sus ministros, este es tiempo de definición. Elías fue un profeta de juicios, convocó a los profetas de Baal y los mató a todos. Este espíritu llama a las cosas por su nombre, porque en este tiempo muchos ministros están convertidos y no convencidos. El espíritu de Elías no era complaciente, lo que nos deja ver que no podremos hacer la obra del Señor si estamos acomodados. Es tiempo de determinación, porque los pecados que hoy se cometen en medio de la congregación de tolerancia, de tibieza espiritual y ambigüedad se tienen que terminar. Jn 5:35 RVA dice que Juan era una antorcha que alumbraba y ardía. Nosotros, como ministros, también debemos tener nuestra antorcha encendida y alumbrar a otros; y dar siempre la gloria a Dios.
Mal 4:5,6 RVA nos habla de la restauración de la relación entre padres e hijos. Tenemos que saber que muchas veces nuestros hijos van a determinar nuestro nivel de felicidad o infelicidad pues si nuestros corazones son contrarios tenemos nuestra casa dividida y una casa dividida no puede permanecer. El espíritu de Elías nos sacude para ministrar nuestra alma y arrancar amarguras del pasado para que nuestros hijos no sean receptores de nuestras propias frustraciones, porque la familia es la entidad que Dios dio para ser receptora de Sus promesas, por eso el enemigo está interesado en dividir y destruir la familia. La reconciliación no viene sin la humildad, la cual es la capacidad de asumir los errores. Este es el tiempo de Dios para que la Iglesia tenga ministros modelos que puedan ser restauradores pero no podremos restaurar todas las cosas si no hemos sido restaurados primero.
El espíritu de Elías hace despertar el celo por lo santo 1 Re 18:40 RVA; este espíritu también lleva a restablecer la autoridad como lo vemos en 1 Re 18:21 RVA, y enseña el temor al Señor. Los ministros deben enseñar el temor al Señor, el verdadero arrepentimiento también lo trae el espíritu de Elías. Según Hageo 2:9 RVA, el espíritu de Elías nos lleva a restaurar la gloria de la iglesia, nos lleva a restablecer la adoración verdadera, y a levantar el verdadero tabernáculo de David para establecer la verdadera alabanza.
Este espíritu nos devolverá la pasión por el Señor, nos quitará la tibieza y la indefinición como dice el libro de Ap 2:4 RVA y también eliminará el activismo religioso; traerá llamamiento para destruir y eliminar el mercantilismo dentro de la Iglesia. El viene a destruir la idolatría y desenmascarar el libertinaje. Este espíritu también trae brillo y luz para eliminar la ceguera espiritual. No podemos crecer ni cumplir las funciones de predicar el evangelio y la restauración de todas las cosas si somos ministros sin pasión, indefinidos y sin la guianza del Espíritu Santo, porque sólo su Santo Espíritu nos muestra que está sucediendo en nuestra familia y congregación, por lo cual no podemos permanecer indiferentes, este es el tiempo que el espíritu de Elías se empiece a mover en nuestra vida, familia, iglesia y ciudad.
Predicador: Apóstol Fredy Villatoro
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