Lavando nuestras vestiduras

Este es un tiempo en que se ha decretado que la misericordia del Señor será derramada sobre nuestras vidas de una manera abundante y nosotros no debemos desaprovechar la misma. Los tiempos que vivimos son tiempos peligrosos, y muy pronto la Iglesia novia será arrebatada a Su encuentro glorioso con el Señor, razón por la cual se hace necesario que examinemos nuestra alma y veamos cuales son aquellas cosas que debemos entregar al Señor, para que podamos continuar avanzando en nuestra preparación. Como parte de las funciones ministeriales, se encuentra el preparar y ataviar a la Iglesia para las bodas del Cordero y no podemos dejar de ejercer esta responsabilidad. En Ex 19:10-11 LBLA, el Señor le da la instrucción a Moisés de que vele por el pueblo, los prepare y consagre para que estén listos para el tercer día, ya que el Señor descendería a la vista de todos sobre el monte Sinaí y esta misma instrucción tenemos nosotros, como ministros primarios del Señor, pues debemos ataviar a la novia y cuidar de que sus vestiduras permanezcan limpias para que podamos presentarla delante del Señor como una Iglesia sin mancha y sin arrugas, tal como se indica en Ef 5:27 LBLA. La palabra “lavar” empleada en el versículo de Éxodo antes mencionado, proviene de la palabra hebrea “kabas – H3526”. Cuando se dice que debemos ser santificados se está refiriendo a que debemos consagrarnos y vivir apartados para Dios. En el diccionario Strong, la palabra “santificados” se dice “qadash – H6942”, la cual también se puede traducir como limpio o purificado. Por otra parte, cuando buscamos el significado de la palabra “arruga” empleada en el versículo de Éfeso, notamos que la misma significa doblez, lo cual nos habla a nosotros de doble ánimo o inconstancia. Esto quiere decir que una de las cosas que deben ser cambiadas en nuestro carácter, es la inconstancia o falta de definición que una persona puede presentar en su búsqueda por agradar al Señor.

El Señor espera de nosotros el que seamos fieles y firmes; que le busquemos de todo corazón y habitemos en Su presencia; lo cual solo se consigue cuando nos alimentamos constantemente con el maná de Su bendita Palabra. Una de las abundancias derramadas en este último tiempo es la abundancia de Palabra y nuestros corazones deben ser terreno fértil, para que esa palabra dada en sus diferentes facetas, pueda ser sembrada en nuestros corazones y germinar; es decir, que haciéndose rhema en nosotros, pueda producir una transformación y conducirnos a dar la estatura que Dios espera de cada uno de nosotros. En Ap 3:14-18 LBLA, vemos como el Señor, hablándole a la iglesia Laodicea, les hace ver que ellos estaban equivocados al pensar que eran ricos y que no tenían necesidad de nada, lo que los hacia vivir una vida de tibieza y dejadez; y les hace ver que ellos realmente vivían en pobreza espiritual y les exhorta a comprar de Él oro refinado por fuego para que verdaderamente fueran ricos y sus vestiduras fueran blancas. Ellos carecían de santidad y por esta razón no dieron la talla que Dios esperaba de ellos. Si nosotros descuidamos nuestra salvación y nos apartamos de los estatutos de Dios, podemos correr el riesgo de quedarnos a la gran tribulación a lavar nuestras vestiduras; por esta razón es importante que nos examinemos y con sinceridad veamos cual es nuestra condición interna y pidamos al Señor desarraigue de nosotros todo aquello que le desagrada. El oro refinado es figura del sacrificio de Cristo, Su sangre derramada, Sus heridas, Su holocausto como parte del sacrificio para redimir nuestras vidas. Las vestiduras blancas nos hablan tanto de lo interior como de lo exterior, pues si somos transformados en nuestro interior y vivimos en santidad, la misma se reflejará en nuestro exterior porque aun nuestra manera de hablar y caminar va a cambiar. El colirio para ungir los ojos nos es dado para que podamos ser sumergidos en la Palabra de Dios y tener entendimiento, conocimiento y revelación de la misma.

Es de suma importancia que retengamos todo aquello que nos ha sido dado por la gracia y el favor de Dios y que no permitamos que nadie tome nuestra corona. Avanzar hacia la meta con paso firme y seguro; no permitiendo que las pruebas que atravesamos nos atemoricen y nos hagan retroceder. Debemos siempre recordar que las adversidades llegan a nuestra vida para que a través de ellas se revele lo que hay en nuestra alma y podamos recibir ministración y liberación; los cuales nos ayudarán a crecer espiritualmente, hasta llegar a ser transformados a la imagen del Hijo de Dios. El Señor nos ha dado la promesa de que siempre estaría con nosotros y con Su diestra de justicia nos sostendría, solo debemos confiar y pacientemente esperar en Él. Mantengamos nuestras vestiduras blancas pues el Amado ya pronto viene por Su Iglesia.

Predicador: Apóstol Haroldo Herrera

Fuente: www.ebenezer.org.gt

Deja una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.